HISTORIA DE DALIAS Y DE SU ANTIGUO TERMINO MUNICIPAL
Los lugares de los que se tienen indicios más antiguos de que fueron habitados son El Cerrón y El Cerroncillo .
El primero se alza entre la llanura litoral y la vega y lo corona una explanada rodeada de cortaduras que estuvieron defendidas por murallas de grandes bloques de piedra tallada a escuadra. Aún son visibles los muros que marcan el emplazamiento de muchas viviendas y los restos de un gran edificio rectangular que, por el espesor de sus muros, se ha conservado por completo; una habitación en parte excavada en la roca que da acceso a un subterráneo natural con entrada artificial en forma de pozo y los restos de las cisternas para el agua de lluvia.
Los hallazgos superficiales correspondientes al neolítico consisten en puntas, raspadores, trozos de cuchillos de silex y pedernal, un hacha pulimentada y trozos de otras similares.
La cerámica hallada es ibérica y romana. De la primera hay de tipo gris y amarillento; rojiza con los típicos dibujos en círculos y eses en rojo oscuro y negro y otras con dibujos y rosetas estampilladas. La romana corresponde al tipo campaniense con barniz negro intenso y marrón; otros en barro amarillo y rojizo.
Una ligera excavación descubrió casi a flor de tierra los cimientos rectilíneos de una edificación que por sus dimensiones no parece haber sido vivienda y junto a ella un capitel, de filiación artística desconocida.
El Cerroncillo está al norte del Cerrón del que lo separa el estrecho cauce de la rambla de Almecete. Fue el asiento de un poblado del Bronce Mediterráneo. Aún se conservan restos de muros de piedra y barro encaramados en forma inverosímil sobre cortados y rocas. Superficialmente abundan los fragmentos de cerámica, moletas de mano, pesas de telar, puntas, raspadores y cuchillos de silex y pedernal.
Se piensa que estas civilizaciones perduraron hasta que fueron absorbidos por la superior civilización romana.
Los soberanos de Granada dividieron el territorio de la Alpujarra en pequeños partidos que se llaman Tahas . Dalías constituyó una de esas tahas que comprendía los lugares de Almovara, Obda, Célita, Al Hizam, Almecet y Ambrox, cuyos lugares son los hoy llamados, respectivamente, Almohara, Olba, Celín, Aljizar, Almecete y lo que constituye el casco de la ciudad. De algunos de estos lugares ha desaparecido el caserío como ocurre con Olba y Almecete y de Aljizar.
No cabe duda que el principal de todos ellos era Al Hizam (fortaleza en árabe). El lugar se extiende sobre una pequeña meseta rocosa rodeada de escarpaduras que juntamente con las murallas y torres que levantaron sus moradores constituían una fortaleza pocos menos que inexpugnable. Los restos encontrados incluyen: lienzos de murallas, torres, cimientos de viviendas, parte de los muros de una alberca y montones de escombros entre los que aparecen trozos de una muy original cerámica consistente en piezas barnizadas de un color negro que recuerda la plombagina. En la parte oriental aun se conservan las curiosas ruinas de una torre solo unida al resto de la fortaleza por una muralla que también se conserva en parte.
El sistema defensivo de la taha se completaba con un conjunto de atalayas levantadas en alturas dominantes en las cuales existían de conjunto vigías. Restos de estas atalayas se conservan en varios sitios de nuestro pueblo. Así tenemos los del Cerro Algandar, La Garita y Las Moriscas.
Una mezquita se encontraba en la actual ermita de la Virgen de los Dolores. Su planta es octogonal, como igualmente lo es el alminar y la construcción de ambos es de hormigón de cal. El alminar se levanta sobre una base cuadrada. Su escalera interior, o mejor dicho, rampa no existe, pero en los muros está marcada la línea que seguía. Su estado de conservación es bueno.
El conjunto de la nave de la mezquita es en buena parte reconstruido en 1.893, según datos del Archivo Arzobispal de Granada. Solo en el exterior se conoce la unión del muro antiguo y el reconstruido.
La puerta de acceso es de medio punto, con pilastras y tranco de ladrillo. El interior está cubierto por una bóveda que descansa sobre falsas pechinas y nervios que arrancan del punto medio de los lados del octógono. Resulta interesante su construcción de ladrillo siguiendo las técnicas prehistóricas de la falsa cúpula. Exteriormente está techado con losas cuadradas de pizarra y algunas tejas de barro en las esquinas.
Al pié de Aljizar y fuera de su recinto amurallado se encuentran unos baños. Están situados junto a la rambla de Almecete que es la salida natural del arroyo del que fácilmente tomaban las aguas. Popularmente se les conoce por Casilla de los Baños y Baños de la Reina .
Sus muros son de piedra, ladrillos y argamasa y de un espesor de 60 cm. La puerta principal estuvo orientada al sur, dando a una gran sala cuadrada o patio de alberca central. De esta entrada queda tan solo un trozo de muro y los cimientos de otro. Una puerta de acceso da a una segunda sala de menos anchura conservando más de la mitad de su bóveda, iluminada en sus tiempos por grandes lunetas circulares distribuidas en tres hileras paralelas. En los extremos de esta sala hay señales de la existencia de pilas para el baño, así como de las conducciones de agua. Por estrecha puerta se pasa a una tercera sala con bóveda completa de sólida construcción estando distribuidas alternativamente las lunetas circulares para la iluminación quedando en uno de los lados las señales del emplazamiento de una caldera. Una puerta que ahora sirve de entrada comunicaba con una cuarta sala que conserva en pié uno solo de sus muros.
Aquellos fueron tiempos de paz y prosperidad en toda la comarca. Dalías supo aprovechar aquella bonanza mejorando en todos los aspectos de su vida material.
Son varios los autores que celebran las excelencias de la ciudad. Tales son:
Con motivo de este viaje Ibn Jakan escribió: Dalías y Berja son dos distritos como nadie los ha visto semejantes. El céfiro juega con las ramas de los árboles, los arroyos son límpidos, los jardines exhalan toda clase de perfumes, los parques alegran el alma y ofrecen a la vista el más encantador espectáculo .
Sabemos ( L. Del Mármol ) que el Zagal, tras la rendición de Baza y entrega de las ciudades de Guadix y Almería, hizo que se rindiesen las tahas de Ceheles, Andarax, Dalías, Berja, Ugijar, Jubiles, Ferreira y Poqueira, que todas son en la Alpujarra, y la taha de Orgiba y el valle de Lecrin, solicitando a los pueblos para ello, porque holgaba más verlos en poder de cristianos que de su sobrino.
Estas poblaciones se entregaron pronta y pacíficamente al dominio cristiano, pero la nueva situación duró poco, pues los habitantes de estas localidades, movidos por su deseo de independencia y alentados por la conquista que hizo Boabdil del castillo y pueblo de Alhendin, le pidieron que fuera en su auxilio para sacudir el yugo cristiano. Hacia mediados de Junio de 1490 acudió el rey granadino y al solo anuncio de la llegada de sus tropas huyeron las escasas guarniciones de algunos pueblos de los que se apoderó. Tomó el castillo de Andarax que dejó abandonado el Zagal y con esto la Alpujarra, y por tanto Dalías, volvió al dominio de Boabdil.
Más venida la primavera del año siguiente, los Reyes Católicos enviaron al marqués de Villena con tres mil caballos y diez mil peones con el fin de someter a los sublevados, lo que consiguió tras breve lucha y de esta forma Dalías quedó de nuevo incorporada a la Corona de Castilla.
Después de estos sucesos, comprendió Boabdil que no había posibilidad de defender Granada, por lo que pidió negociaciones para su entrega. Pronto comenzaron tales negociaciones. Entre las cláusulas acordadas y firmadas a nosotros nos interesa la siguiente (L. Del Mármol).
Que sus altezas hacen merced por juro de heredad, para siempre jamás al rey Abdilehi (Boabdil) de las villas y lugares de las tahas de Berja, Dalías, Marchena, Bolodui, Júchar, Andarax, Jubiles, Ugijar, Jubilein, Ferreira, Poqueira y Orgiba, que son en la Alpujarra con todos los heredamientos, pechos, derechos y otras rentas que por cualquier manera pertenezcan a sus altezas en las dichas tahas, para que sea suyo y lo pueda vender o empeñar y hacer dello lo que quisiere, con tanto que cuando lo quisiere vender o empeñar sean primero requeridos sus altezas si lo quisieren; y tomándolo, lo mandarán pagar por ello lo que se concertase.
Boabdil que era aficionado a la caza, se desplazó algunas veces a nuestra tierra. Así lo confirma una carta que Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos y encargado por éstos de vigilar sus pasos, les escribió el 9 de Diciembre de 1492 ( Colección de Documentos Inéditos de la Historia de España, Tomo XI, Pág. 503). En ella les da cuenta de que El Rey Muley Bobdili (Boabdil) y sus criados andan a caza con azores y con galgos, y allá está agora en el campo de Dalia y en Verja, y dicen que estará allá todo el mes, aunque su casa la tiene en Andarax.
Ocurrió que el conocido Aben Comixa, abusando de los poderes que le tenía conferidos su rey, vendió a los Reyes Católicos por el precio de ochenta mil ducados todos los lugares y rentas que poseía Boabdil después de la rendición de Granada. Las correspondientes capitulaciones se firmaron el 15 de junio de 1493. El antiguo rey granadino, viendo que no había remedio para deshacer lo hecho, tomó su dinero y marchó a Africa en el mes de Septiembre siguiente.
Después de estos acontecimientos entramos en una larga etapa que empieza con una guerra sorda entre vencedores y vencidos con multitud de extorsiones por parte de los primeros y resistencia más o menos activa a cargo de segundos para acabar todo en una de las mayores tragedias que registra nuestra historia, cual fue la sublevación de los moriscos y su expulsión del Reino de Granada.
El alzamiento comenzó en la víspera de Navidad de 1.568 cuando en la localidad de Béznar (Granada) los moriscos rebelados proclamaron como a su rey a Don Fernando de Córdoba y Válor que tomó el nombre de Aben Humeya por considerarse descendiente directo del nieto de Mahoma de este mismo nombre.
Al día siguiente llegó la rebelión a Dalías. Fue así según refiere L. del Mármol , que en aquella mañana estando los fieles a la puerta de la iglesia para entrar en misa, por uno de los cerros que caen a la parte de levante se presentó el Rendedi, moro natural de Berja, con cuatro banderas y al mismo tiempo habían asomado cuatro banderas por la parte de poniente, sobre una punta de Sierra de Gádor. Con la presencia de estas fuerzas entró en la gente el natural desasosiego y alboroto, por lo que juntándose los regidores, que todos ellos eran moriscos, salieron con algunos hombres a ver que fuerzas eran aquellas. El Rendedi se acercó a ellos con cincuenta tiradores y les invitó a que se alzasen porque todos los lugares de la Alpujarra estaban alzados; y como le respondieron que ellos no entendían hacer mudanza por entonces el moro se enojó mucho, y les dijo que no había venido a otra cosa, y que se habían de alzar mal de su grado. Dicho esto entró con toda su gente en el pueblo y mandó pregonar por todo él que, so pena de la vida, todos los vecinos salieran inmediatamente a la plaza con las armas que tuvieran. Y como algunos hombres ricos no saliesen tan pronto como él hubiera deseado, los hizo matar y saquearles las casas, diciendo que eran cristianos enemigos de Mahoma. Y corriendo los rebeldes con gran ímpetu a la iglesia y dando libre expansión al odio mal contenido durante tantos años, la saquearon y robaron, haciendo pedazos los retablos, la pila bautismal y las imágenes; destruyeron todos los objetos sagrados y les prendieron fuego. Y porque una mujer morisca de las principales de la taha les reprendió los sacrilegios que estaban haciendo y quitó a unos muchachos las hojas de un misal que traían haciendo pedazos, le cortó uno de los rebeldes la cabeza.
Para someter a los rebeldes el día tres de enero salió de Granada el Marqués de Mondéjar al frente de dos mil infantes y cuatrocientos caballos. Recorrió y sometió buena parte de la Alpujarra y creyéndola pacificada marchó a la acción de las Guájaras.
Al propio tiempo el Marqués de los Vélez salió con el mismo fin de las tierras de su señorío el día cinco del mismo mes.
Tras enconados y sangrientos combates, en los comienzos del año siguiente parecía que el levantamiento estaba tocando a su fin.
Vino a continuación una época de saqueos y actos de rapiña por parte de las tropas cristianas. También quedaron reducidos a esclavos cuantas mujeres y niños pudieron ser capturados.
Consecuencia natural de todos estos desmanes fue que los moriscos se alzasen de nuevo incorporándose a las tropas de Aben Humeya que cobró nuevos bríos y ánimos.
Felipe II confió entonces la dirección de la guerra a su hermano Don Juan de Austria al cual asistirían su preceptor Don Luis Quijada, el Comendador Mayor de Castilla, Don Luis de Requesens y el duque de Sesa, Don González Hernández de Cordoba.
En a última quincena de Mayo de 1569 las tropas de Aben Humeya atacaron al Marqués de los Vélez que estaba acampado en Berja. La derrota de los moriscos fue total.
El mismo día que el Comendador Mayor de Castilla llegó a Cádiar (segunda quincena de Septiembre) envió los tercios de Juan de Solis, Bartolomé Pérez Zumel y Pedro de Vargas a escoltar el convoy que iba a traer víveres de Adra, ordenándoles que hasta Berja marcharan juntos y desde allí sólo el tercio de Pérez Zumel siguiese hasta Adra mientras que los otros dos amaneciesen en Dalías y procurasen degollar los moros que allí hubiese y talar la tierra . Y así fue, en efecto, que aquellos soldados talaron y quemaron nuestra vega y nuestro campo hasta dejar las tierras calcinadas y convertidas para mucho tiempo en erial.
Por los primeros días de octubre el año de 1570 vino a Dalías el ya nombrado Comendador Mayor de Castilla. Pisó esta tierra, paseó por estas calles, habitó una de sus casas y convivió unos días con nuestros antepasados.
Después de la guerra, Felipe II decretó la expulsión de los moriscos, tanto de los que habían tomado las armas, como de los que se habían mantenido en paz. Rápidamente empezaron las operaciones para llevar a cabo aquella dura deportación. Con las pocas excepciones de los que lograron ocultarse o huir todos tuvieron que abandonar la tierra en la que habían nacido y crecido. Hubo también muchos niños que quedaron en manos de cristianos viejos para librarle de una muerte que creían segura.
Con arreglo a la normativa establecida, los de Dalías fueron a Almería, donde se concentraron con los procedentes de otros pueblos. En total se reunieron 8.500 moriscos que fueron a Sevilla en las Galeras de Don Sancho de Leiva.
Como sucedió en toda la Alpujarra, Dalías quedó completamente asolada por la guerra sin cuartel. Y tras la expulsión de los moriscos supervivientes de la catástrofe la desolación y soledad de estos lugares debieron ser espantosas.
En estas sombrías circunstancias se emprende la repoblación con cristianos viejos de fuera del Reino de Granada. La operación se inicia con la Real Cédula de 24 de Febrero de 1.571 por lo que, basándose en las leyes vigentes, se confiscan todos los bienes de los moriscos. Con todos estos bienes se hicieron las llamadas suertes de población .
Felipe II nombró al escribano Gaspar de Avila juez de comisión para el repartimiento y población de la taha de Dalías. Fuente casi exclusiva para el estudio de este interesante periodo de nuestra historia es el llamado Libro de Apeo que se hizo con motivo de la repoblación.
Según este libro, los regadíos de la vega ocupaban 7.000 celemines, o sea, algo menos de la mitad de lo que actualmente se riega. En el Campo se dice que ay dos mil marjales de tierra que se riegan . Entonces no había viñas en Dalías. Se obtenían al año más de cien onzas de cría de seda. Había 22 molinos de pan y 7 almazaras.
La taha de Dalías tenía antes del alzamiento unos 600 vecinos, que si los multiplicamos por 5, nos dará una estimación de la población lindante con los 3,000 habitantes.
El Consejo de Población, con residencia en Granada, asignó a este pueblo 100 nuevos pobladores que se establecerían en los lugares de Ambroz, Alhizan y Celin para formar un solo término redondo y conocido con 49, 30 y 21 vecinos respectivamente.
Se hicieron suertes de vecindad y de ventaja . Las primeras incluían una casa y se adjudicó una a cada poblador, mientras que las segundas no comprendían vivienda y se asignaban teniendo en cuenta los méritos o favor de que gozaba el adjudicatario.
Se hicieron 140 suertes: 100 de vecindad, 36 de ventaja y 4 para compensar lo que saliere incierto a los pobladores . Aparte de las viviendas de las de vecindad, cada suerte estaba formada por los siguientes elementos:
Los veinte marjales de riego tenían que estar en distintos parajes de la vega con el fin de que entraran de las distintas calidades de tierra existentes. En cuanto a los olivos y morales se da el caso curioso de que para conseguir la mayor igualdad posible en todas las suertes, a muchas de ellas se asigna la propiedad de algunos de estos árboles enclavados en otras.
Los nuevos pobladores quedaban obligados a pagar al erario real un censo que consistía en el diezmo de los frutos que se cosecharan. También quedaban obligados a vivir en el lugar, a cultivar la tierra según las costumbres de la región; no podían cortar árboles, ni podrían tampoco desmembrar su suerte, hipotecarla, ni gravarla. En cuanto a las casas, los nuevos pobladores se obligaron mancomunadamente a pagar cada año de censo público tantos reales como moradas se hubiesen repartido.
El reparto de las tierras de secano se formalizó en Septiembre de 1.575. A cada suerte se le asignaron 12 fanegas y para lograr mayor igualdad posible cada lote se formó con 10 fanegas de distintos parajes del Campo, una en Sierra de Gádor y otra en la Zisla , camino de Berja.
Aunque se fijaron 100 pobladores para Dalías, en la primera relación aparecen sólo 81 nombres. Esto hace un total de 85 vecinos, contando cuatro suertes reservadas para los eclesiásticos que han de venir. De los 81 nombres, 26 corresponden a vecinos originarios , es decir, antiguos vecinos de Dalías a los que se les concedió el derecho a tomar parte en el reparto de las suertes en las mismas condiciones que los nuevos.
Es curioso que casi todos los apellidos de estos cristianos viejos han llegado hasta nosotros, unos intactos, otros ligeramente modificados y otros (los menos) convertidos en apodos. A continuación se relacionan estos nombres y apellidos.
Los pobladores foráneos vinieron de los más diversos sitios:
Gibraltar, Murcia, Valencia, Zaragoza, Tarragona, Segovia, Mallorca, etc.
Sin embargo, hay que señalar que algunos de los admitidos no se presentaron
y si lo hicieron, volvieron pronto la espalda, sin posicionarse siquiera de la
suerte que les había correspondido.
Pero tras ellos vinieron otros, y después otros, hasta que con el
tiempo se completó el mencionado cupo de pobladores.
Aquellos fueron unos años de continua mudanza en la
propiedad de las suertes. Cada cambio de dominio había que
hacerlo constar en el Libro de Apeo, en el lugar correspondiente
de su margen.
De este modo, por unos u otros motivos, en el Libro de Apeo figuran
381 personas que por algún tiempo y diversas causas gozaron de la
propiedad de algunas de las suertes repartidas. Y esto tan solo en el espacio
de 50 años que es el tiempo que se calcula que se estuvo utilizando esta
especie de registro de la propiedad.
Muchos de los apellidos que allí aparecen son hoy completamente
desconocidos en Dalías, pero otros han resistido la acción del tiempo
y aun los llevan hoy muchos dalienses nativos. Tales son:
No se conocen muchos hechos destacables de la historia de nuestra
ciudad durante este siglo. Solo cabe destacar el hecho de armas originado
por una de las muchas incursiones de los piratas musulmanes en las costas.
El 14 de Octubre de 1.620 por la Punta de los Baños aparecieron 14 naves
turcas. El capitán Hurender era entonces el jefe de la gente de guerra
de Adra, Berja y Dalías.
Mientras los abderitanos se refugiaron en el castillo, los piratas entraron a saco en Adra.
En socorro de los sitiados acudió el capitán Hurender con unos 500 hombres
que había reunido en la comarca. Tras duro combate los turcos se vieron obligados
a reembarcar precipitadamente.
Fuera de esto nos limitaremos a dar los nombres de algunos dalienses que
desempeñaron cargos en la administración local en esta centuria. Así, los
alcaldes Lorenzo de Murcia y Juan de Peralta en 1.616; Diego Giménez y
Juan de Callejón en 1.617; Alonso García y Alonso Maldonado en 1.669
y otro Juan de Peralta en 1.680. Y actuaron de regidores Baltasar de la Hoya
y Andrés López de Luque.
El Diccionario Geográfico de Tomás López, de finales de esta misma
centuria, nos suministra noticias de interés acerca de nuestra ciudad.
La carta pidiendo información que este ilustre geógrafo remitió a Dalías fue
contestada por el presbítero Don Angel Castañeda y lleva fecha de 15 de
Noviembre de 1.779.
De esta contestación entresacamos los siguientes datos: Dalías tiene
1.700 vecinos, con inclusión de los barrios de Celín y Aljizar que distan del
pueblo un regular paseo. Tiene dos parroquias: la primera abajo en la villa
con dos curas y dos tenientes y la otra en Celín con un cura y un beneficiado.
El campo que llaman de Dalías de longitud tiene más de seis leguas y
más de dos de ancho, toda tierra llana en donde se recoge mucho trigo y cebada.
En dicho barrio de Celín hay pedreras o canteras muy especiales, de las cuales ha hecho el
trascoro de la Iglesia Catedral de Almería, que es uno de los más famosos de
España.
Cuando iba a finalizar su primera mitad sucede un hecho de indudable
trascendencia en la vida económica de la población.
Se trata de que la Hacienda Real decidió enajenar los bienes que
Su Majestad tenía en esta localidad, a cuyo efecto se convocó
la correspondiente subasta que se celebraría en Granada.
Este asunto era de vital interés para todos, por cuanto las autoridades
locales, recogiendo el común sentir del vecindario, desde un principio
acordaron la compra de estos bienes.
Así vemos que las autoridades locales Juan Daza y Francisco Gutiérrez,
alcaldes y Bernardo Morales y Juan Rubio, regidores, acordaron otorgar
a Francisco Daza poder necesario y sin limitación alguna
para que en nombre de la corporación y de los demás vecinos de la villa por
quienes prestamos voz se traslade a Granada y tome parte en la referida
subasta haciendo las posturas que estime conveniente. La escritura de apoderamiento
se otorgó en 20 de Noviembre de 1.740 ante el escribano de la villa Alonso Antonio
de Chozas (Archivo Histórico Provincial - Legajo 883).
Como el municipio no disponía del dinero necesario para la operación en el mismo
día y ante el mismo escribano se concedió poder al mismo Francisco Daza para que
en nombre de todos y a este solo efecto busque de cualesquiera personas, comunidades,
iglesias, monasterios, cualesquiera ciudades, villas y lugares de los Reinos la cantidad de
hasta cien mil reales a préstamo, apremio o censo redimible o en otra forma lícita y
permitida comprometiéndose los otorgantes en su nombre y en el de los vecinos
todos del pueblo a responder mancomunadamente del pago de la deuda que se contrajera.
Se sabe que el municipio finalmente compró los bienes de referencia por el precio de 55,000
reales de vellón los que por una sola vez entregó en las arcas de su destino .
La operación de compraventa se formalizó en Granada el 28 de Febrero de 1.741
actuando a nombre de Su Majestad Don Cristóbal de Zegin, del Consejo y Oidor de
la Cancillería, extendiéndose la correspondiente escritura ante el escribano granadino
Don Torcuato del Castillo y Tamayo.
De esta forma se formó el patrimonio de lo que hoy llamamos bienes comunales de
Dalías.
El ministro de Fernando VI, Don Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada,
decidió realizar un catastro con el fin de poner un poco de orden y equidad
en la recaudación de impuestos.
Los trabajos correspondientes a Dalías ocupan tres voluminosos tomos manuscritos
que se conservan en perfectas condiciones en el Archivo Histórico Provincial.
Como fecha de referencia diremos que la operación se dio por terminada el
27 de Agosto de 1.751 y que está firmada por Pedro Moya, Alcalde Mayor
del Partido; Juan Baena, Gabriel de Hontoria, Francisco de Rubio, Celedonio de
Salazar y Juan de Ciclana como miembros del Concejo de la Villa; Francisco
Baena, Francisco Fornieles, Luis de Peralta y Juan Fernández como peritos
conocedores del terreno y, por último, firman y rubrican los dos
escribanos de la villa Alonso Antonio de Chozas y Nicolás José de Chozas.
Los gastos totales ascendieron a 19.518 reales. A lo largo de todo el trabajo
se hace una rigurosa separación de los estados secular y eclesiástico.
La población había aumentado considerablemente a partir de la registrada
en vísperas de la sublevación de los moriscos. Así aparece el estado del
vecindario que había en Dalías en aquella ocasión:
Respecto a las tierras de riego de la vega se dice que
producen dos cosechas al año, la una de cebada o trigo y la otra
y principal de maíz. Se registraron 703 fanegas y 3 celemines.
Todavía está en uso la palabra suerte para designar
ciertas tierras del Campo y sobre ellas se dice que su situación
es de regadío el que logran dichas tierras de las fuentes referidas
(las de Celín) a proporción del aumento o disminución de las aguas y sin
causar falta a las tierras de la vega que tienen la población,
por lo cual está dividido su cultivo en cuatro hojas o cuatro años,
uno de cosecha y tres de descanso .
Según esto, vemos que para estas tierras seguía en vigor el régimen
de riegos de la repoblación y así ha permanecido invariable hasta que
el profundo cambio habido ultimamente en todo el ámbito de El Ejido
lo han hecho innecesario y practicamente imposible de aplicar.
De tierras de secano se anotaron 2.222 fanegas enclavadas en distintos
parajes. Se trataba de fincas que producen de 4 en 4 años bien de
trigo o cebada , pero que nunca tuvieron derecho a riego.
La existencia de 2.265 moreras y 1.173 morales nos indica que aun
subsistía con alguna pujanza la industria de la seda.
Asimismo se reconocieron y registraron 2.906 olivos.
Tanto de uno como de otros árboles se hace constar que no están
plantados en orden y sí a las márgenes y orillas .
Merece destacarse la existencia de 377 fanegas plantadas de viñas, lo que
supone una innovación introducida en los cultivos de la localidad.
Los beneficios que se le calcularon a cada una de estas clases de explotaciones
agrícolas quedan reflejadas en este cuadro:
Había entonces en el casco de la población 1.162 viviendas, de ellas 73
sin habitar; 26 cortijos abiertos en tiempo de recolección y dos cortijos
habitados de continuo.
Hay que anotar la existencia de 19 molinos harineros cada uno de una
piedra que muelen con agua de las citadas fuentes y acequias principales
y tres almazaras accionadas por las mismas aguas.
La ganadería conservaba su antiguo esplendor, como se pone de manifiesto en
el siguiente cuadro expositivo:
Esta valiosa fuente histórica nos da también pormenorizada información
acerca de las profesiones liberales, artesanales y, en general, de toda
la vida laboral de la localidad. Así encontramos que había:
Había dos estancos de tabaco, seis tiendas de bebidas o tabernas, cinco
tiendas de especiería y quincalla, diez panaderías y una carnicería.
Pero todavía seguía en vigor la norma de que solo tenían derecho a riego
las tierras pertenecientes a las ya conocidas 140 suertes de población.
Los propietarios de ellas se consideraron perjudicados por lo dilatado que
se hicieron las tandas llegando a tomar parte en el asunto las autoridades
competentes. Así vemos que el 21 de marzo de 1.780 estando juntos
los señores del Concejo, Justicia y Regimiento, a saber los señores licenciado
Don Agustín Castañeda, Abogado de los Reales Concejos; Alcalde Mayor,
Don Pedro Antonio de Chozas; Don Antonio Ruiz y Don Francisco Fornieles,
Alcaldes Pedáneos; Don José Martín y Don Juan Rubio, Regidores anuales,
y Don Agustín Baena, Sindico Procurador General; se dijo y acordó mirando por
la mayor felicidad de los vasallos de Su Majestad, labradores de esta población,
que respecto por haber tenido repartidas 140 suertes de población por las que
han estado y actualmente lo están pagando a Su Majestad que Dios guarde aquel
canon que se les impuso y todas con agua para sus riegos y que de algunos años
a esta parte se han adelantado por muchos vecinos algunas tierras alrededor de
dichas suertes de población y que no han tenido agua más que la que por abuso se
han apropiado, y que de continuar en este abuso se siguen graves perjuicios a las
tierras de población de la vega, y deseando la Villa en todo proceder con acierto
y sin detrimento a persona alguna, acuerda que Don Francisco Fornieles, mayor,
y Don Luis Callejón, labradores prácticos, inteligentes y de sana conciencia en
semejantes materias, reconozcan con toda atención y cuidado las tierras innovadas
y bajo juramento declaren las que son y si se les puede dar agua en perjuicio de las
de población.
Desfavorable para las nuevas tierras de regadío fue el informe emitido el 15 de junio
del mismo año por los peritos designados al efecto. En tal informe se delimitaron
claramente las tierras innovadas que, según el mismo, no debían regarse.
El contenido del informe se cumplió al pié de la letra y aquellas tierras volvieron a su secular
aridez. Con el paso de los años las cosas han cambiado. Con la sola excepción del llamado
Aumentado , con un riego anual, hoy tienen derecho a riego en rigurosa tanda
todas las tierras del valle a las que puede llegar el agua. Ignoramos cuando se implantó
esta generalización, pero creemos que se iniciaría a raíz de la extinción del Censo de Población,
allá de la primera mitad del siglo XIX.
Dalías pertenecía judicialmente al Partido de la Alpujarra que tenía sede en Ugíjar.
Por Real Orden de Octubre de 1.753 se creó una Alcaldía Mayor que comprendía
las entonces villas de Adra, Berja y Dalías, distrito practicamente equivalente
al actual partido judicial de Berja.
Y para evitar desavenencias y rivalidades entre los vecindarios de las tres poblaciones
se estableció que el Alcalde Mayor residiera un año en cada una de ellas.
Por estos años hay que registrar un trágico suceso que dejó en el vecindario un amargo
recuerdo de dolor y desolación.
En las primeras horas del 5 de Noviembre de 1.783 una lluvia torrencial, acompañada
de imponente aparato eléctrico, anegó a la población y su vega.
La impetuosa riada hizo su irrupción en el pueblo por la Rambla de Gracia y al llegar
a la Plaza de Olmo chocó violentamente con las Casas Consistoriales inundándolas hasta
alcanzar el agua una altura considerable.
La del Olmo era entonces la plaza principal del pueblo y se llamaba así en razón
a que en medio de ella había un corpulento árbol de esta especie. A esta plaza del
Olmo daba la fachada principal del Ayuntamiento al que no faltaba el clásico soportal.
Hay que pensar que las riadas de esta Rambla de Gracia eran frecuentes. Esto explica
que la esquina de Levante del edificio municipal fuese redonda para así amortiguar el
golpe de las aguas y que el empiece de la calle de enfrente (entonces llamada Verónica hoy
primer tramo de la de santo Cristo) hubiese un dispositivo para poner una compuerta que impidiera el anegamiento de la calle en caso de lluvias abundantes.
En resumen, las aguas se dividieron en varios brazos cubriendo hasta tres varas
de altura las calles de la Plaza, La Iglesia y San Sebastian. Y como no hubo tiempo
de poner la susodicha compuerta en la citada calle de la Verónica, un caudaloso ramal
entró por ella inundando todas las casas y derribando algunas.
El templo parroquial también se vio severamente dañado, pues en él
entraron las aguas anegando todos los muebles, ropas ornamentos
y demás pertrechos que se hallaban en la sacristía ... .
Fueron cuantiosos los destrozos habidos en la vega. Muchas fincas quedaron
convertidas en ingentes montones de escombros y en otras las impetuosas aguas
se llevaron las tierras de labor y arrancaron de cuajo muchos árboles. Bastantes
caminos quedaron realmente impracticables.
A la puesta del sol amainaron las aguas. Pronto se organizó el servicio de socorro
en lo que se distinguió sobremanera el Alcalde Mayor del partido, Don Ramón
Patricio Moreno, a la sazón residente en Dalías. Como primera providencia
ordenó socorrer a los afligidos por medio de escalas, sacándoles por las
ventanas altas . Dispuso igualmente que se pregonase un bando por las calles
para que ninguna persona fuese osada de recoger muebles, ropa, ni efecto alguno
en el resto de dicha noche ni día siguiente hasta que sus dueños los fuesen a buscar,
bajo multa de 20 ducados y 15 días de cárcel.
Las noticias de los daños llegaron hasta la corte y así resulta, según documento
existente en el Archivo Municipal de la ciudad, fechado en San Ildefonso el 26
de Septiembre de 1.786 y firmado por el Conde de Floridablanca, en el cual este
ilustre ministro de Carlos III ordena a la Junta de Intervención del Pósito Real de la
Villa que entregue al Comisario de la composición de caminos, Don Joaquín
Maldonado, 237 fanegas de trigo para la reparación de los de este término.
A lo que antecede se dio exacto cumplimiento conforme se acordó en sesión celebrada
el 5 de Octubre siguiente por la mencionada Junta bajo la presidencia del Alcalde
mayor, Don Vicente Sánchez Muñoz.
Tal fue el violento terremoto del 25 de Agosto de 1.804 que destruyó casi totalmente las
dos iglesias, así como la mayor parte de las viviendas. En la hecatombe perecieron
162 personas y hubo muchos herido y contusos. Los supervivientes, consternados
huyeron a las afueras de la localidad buscando en el descampado la salvaguardia
de sus vidas. Al propio tiempo en la sierra ocurría un raro fenómeno que aumentó
el pavor de las gentes. Por doquier salían disparadas enormes masas de piedra,
algunas de las cuales llegaron hasta el casco urbano destruyendo varias de las casas
que habían resistido la sacudida sísmica.
Y aquel aciago día tuvo lugar un extraordinario suceso que por las circunstancias
que lo rodearon parece providencial. Doña Ana Maldonado, respetable señora
de la localidad, tenía en sus brazos a su hija Dolores Góngora, tierna criatura de
pocos meses, que salvó milagrosamente la vida porque su madre, en el preciso
instante en que se derrumbaba la casa, instintivamente la amparó en su regazo
formando con su cuerpo un arco protector. Murió la madre y todos los que en
la vivienda estaban, salvándose tan solo aquella angelical criatura que por este
motivo fue llamada de por vida La Milagrosa. La casa en cuestión es
la que hace esquina entre las calles San Cristóbal y Santo Cristo.
Son pocas las fuentes históricas de las que disponemos acerca de las repercusiones
que en Dalías tuvo esta contienda.
Una tradición oral mantenida entre sus descendientes dice que en aquellos
días era Alcalde de la villa Don Gabriel Peralta de Góngora y que entre el
vecindario se extendió el rumor de que los franceses iban a llegar de inmediato
procedentes de Berja. Visto lo cual muchos quisieron preparase para hacerles frente.
El Alcalde, hombre sensato y prudente, trató de hacerles ver lo inútil de la lucha
que pretendían entablar.
Cuando los franceses se disponían a entrar en el pueblo, El Alcalde y el Cura Párroco, D. Pedro Martínez, convencieron a los invasores de que lo que parecía una actitud desafiante del pueblo
era solo debido a la agitación promovida por unos pocos exaltados, y que no reflejaba el sentir
de la mayoría del vecindario. Así se consiguió que los franceses desistieran de su propósito, quedando
todo reducido al incendio de unas viviendas deshabitadas en los arrabales conocidos
por La Ramblilla y Caño de la Viñuela .
El proceder depredador del francés hizo que nuestro Alcalde cambiara la conciliadora vara
de la justicia por la violencia de la lucha armada formando una intrépida guerrilla. De él nos da
cumplidas noticias Enrique Rodríguez Solis en su obra Los intrépidos Guerrilleros de 1.808 .
Poco o nada bueno hicieron nuestros aliados los ingleses. Antes al contrario, hay que registrar
la lamentable demolición del castillo de Guardias Viejas (poco después reconstruido por Don
Francisco Daza Rubio, vecino de Dalías y Comisario de Marina en la comarca), con el propósito
de impedir su utilización por los franceses.
Otra extorsión realizada por nuestros aliados, fue el incendio del Archivo Municipal y las
Salas Capitulares. Tres vías distintas nos dan noticia de este vandálico suceso.
Una de ellas es que en 1.817 la familia Peralta, de esta localidad, elevó una instancia
reclamando los privilegios que le correspondían por la condición de hidalgo que
siempre habían tenido sus ascendientes. Y en el expediente promovido por este motivo
hay un pasaje que dice que habiéndose quemado es esta guerra las Casas Capitulares
y el archivo de la villa no había quedado documento ....
Y en el mismo expediente hay una nota marginal con este texto: Se quemó el Archivo
y las Salas Capitulares por los ingleses. Año 1.810. En 28 de Mayo.
La segunda vía de conocimiento es que en un auto dictado el 18 de Enero del mismo año
por el entonces Alcalde Mayor del Partido, Don Ramón Rodríguez de Velasco, se dice:
... y mediante a ser notoria la quema del archivo Común de Dalías....
Y finalmente, en la sesión celebrada por el Ayuntamiento el 17 de Enero de 1.843
se debatió un problema de aguas sobre unos pretendidos o efectivos derechos de
riego de ciertas tierras de la Cañada de la Higuera. El problema era de difícil solución
por la falta de los necesarios antecedentes escritos que se habían perdido precisamente
en el sucedido que venimos comentando. Y así podemos leer en el acta de esta sesión:
La sensible desgracia de haberse perdido cuando en la Guerra de la Independencia
quemaron los ingleses este Archivo Capitular, el Libro de Apeo que deslindaba las cañadas
de este Campo.....
Y para terminar este capítulo consignaremos las ayudas en recursos materiales con las que
el vecindario contribuyó al abastecimiento del ejército combatiente.
La primera tuvo lugar el 21 de Noviembre de 1.808 y consistió en la venta de la quinta parte
del trigo existente en el Real Pósito de la Villa . Así consta en el siguiente asiento
del Libro de Salida de Dinero de esta institución: En este día han salido
del Arca diez mil quinientos y dos reales con diecisiete maravedis, valor de trescientas
fanegas y media de trigo vendidas por la quinta parte del fondo de este Pósito para auxilio
de la presente guerra, con orden superior, a precio cada una fanega de treinta reales, y lo firmaron
los de la Junta de que doy fe.
A la sazón esta Junta estaba formada por Gabriel de Peralta Góngora, Alcalde Presidente;
Don Juan Rubio Fernández, Regidor Diputado; Don José Ruiz Joya, Procurador Síndico
y Don Antonio Herrera, Depositario.
Otra de estas ayudas de que tenemos noticias consiste en que en el reparto de raciones que para
la manutención de la tropa se hizo entre los pueblos de la antigua provincia de Granada figura
Dalías con un número considerable de ellas, según se detalla en este cuadro:
Son muchos los incidentes que se registraron en la población a causa de las
luchas políticas del siglo XIX. Su exposición completa resultaría un tanto monótona. Por
eso nos vamos a limitar a la narración de los sucesos más destacados y representativos.
El 23 de Agosto de 1.835 se celebraron elecciones para designar nuevo Ayuntamiento. Verificadas éstas
resultaron elegidos Juan González Góngora, José Callejón Callejón, Ramón Sánchez, Alejo Martín Criado, Francisco Toribio Baena, Juan Rubio Cuenca, Francisco Godoy Joya, Antonio Peralta,
Cristóbal Montoya, José Montoya Lupión y Bernardo Peralta.
Sin embargo algunos exaltados elementos de la Milicia Nacional no aceptaron el
resultado, por lo que el 22 de Septiembre siguiente constituyeron una
Junta Provisional de Gobierno. Fueron sus miembros Luis de
Rubio, Presidente; Diego Felipe Callejón, Secretario; José Martínez Aranda,
José Morales y Francisco de Joya Daza, vocales. Esta Junta se adueñó
del gobierno local durante algunos días ocasionando con ello una serie
alarmante de agitaciones y desórdenes hasta que intervino la Junta de Gobierno
de la Provincia, la que ordenó que inmediatamente reasumiera sus funciones
la anterior Corporación Municipal y que ésta, a su vez, diera posesión a la que
había resultado elegida, cuyos actos tuvieron lugar, respectivamente, los días
27 y 29 del citado mes de Septiembre.
En 1,847 se produjo un intento de la localidad de Celín de separarse de este
municipio para constituir un pueblo independiente. Los más destacados
vecinos del lugar elevaron al jefe Político de la Provincia una instancia
solicitando dicha separación fundándose en la insuficiencia de recursos
económicos y en las muchas molestias y perjuicios que se les ocasionaban
por depender del Ayuntamiento radicado en Dalías.
La primera autoridad provincial, en escrito de 8 de Agosto de dicho año,
solicitó de la Corporación Municipal un informe lo más exacto
y amplio posible.
Para elaborarlo se celebró sesión plenaria el 17 de aquel mes de agosto
a la que asistieron por especial invitación los principales contribuyentes de
Celín. Tras acalorada discusión, al fin se informó en contra de la solicitada
separación, visto lo cual el Jefe Político cerró el expediente dando por terminada
aquella delicada cuestión.
El 28 de marzo de 1.858 el Ayuntamiento presidido por el Alcalde Don José
García Lupión, acordó celebrar el nacimiento del Príncipe de Asturias, y posterior Rey Alfonso XII, el
28 de Noviembre anterior. Se llevaron a cabo festejos públicos durante tres días.
Se invirtieron para este fin 3.500 reales que se invirtieron de la siguiente forma:
Seguidamente procedieron a construir lo que llamaron Junta Soberana
del Pueblo. Por aclamación fueron elegidos estos vecinos:
Asimismo acordaron constituir una fuerza armada compuesta de 10 hombres
a fin de asegurar la libertad individual, en primer lugar,
y en segundo hacer respetar la propiedad, sosteniendo a todo trance
el orden público.
Es digno notarse que la corriente liberal había calado bien hondo en
aquellos dalienses, como se deduce claramente observando que la finalidad
primera de aquella improvisada fuerza pública era asegurar la libertad individual.
En la misma reunión decidieron hacer una renovación completa de todos los
cargos y empleos locales, incluso de los de más ínfima categoría. Así nombraron
nuevos alcaldes de Barrio a Salvador García Fernández, francisco Gómez Cara,
José Suárez, Francisco Lirola Sánchez y Félix Rubio. Para Balerma fue designado
Segundo Miguel; para Guardias Viejas, Antonio Crespo; y para el Campo,
Francisco Navarro.
El 18 de Octubre hubo una nueva reunión en la que el presidente dio cuenta
de que, conforme a lo dispuesto por la autoridad superior, había que nombrar
un ayuntamiento provisional. Al final fueron nombrados:
Durante aquellos años, el contrabando fue general en toda la Alpujarra, alcanzando en
Dalías un extraordinario desarrollo. Se hacía por los barcos que llegaban a Guardias
Viejas procedentes de Gibraltar. A aquellas playas acudían arrieros de todos los
contornos a adquirir las mercancías por intermedio de vecinos de Dalías especializados en
esos menesteres. La vigilancia era practicamente nula. Así se explica, por ejemplo,
que en la mañana del 6 de Junio de 1.824 pasaran por el centro de la población
214 hombres con otras tantas caballerías cargadas de contrabando sin que nadie intentara
interceptar su paso.
Este clima se acrecentó de forma tan escandalosa que movió a las autoridades superiores a tomar
medidas para cortar el mal. Así se deduce de un escrito de 24 de junio de 1.824 dirigido a la
Justicia de Dalías por Bartolomé Martínez Caparrós comisionado para que se corten de
raíz los males que está causando el escandaloso tráfico del contrabando. En él se
solicita de las autoridades locales que le remitan inmediatamente relación nominal
de los vecinos de este pueblo que se ocupan de tan reprobable manejo, clasificándolo de modo
que yo sepa quienes son los que personalmente van a Gibraltar, los que dan dinero a estos,
los que en clase de cargueros van a la playa a los desembarcos y los expendedores.
Se ve que las medidas adoptadas no dieron el resultado que se esperaba. Así en un escrito del
Jefe Político de la Provincia, Don Jerónimo de Vilches, al Alcalde de Dalías con fecha
de 6 de Noviembre de 1.844 le amonesta seriamente por no haberle dado conocimiento
inmediato de que en el sitio de la Alberquillas ha habido reunidos en los días anteriores
al tres del actual unos 100 hombres y de 60 a 70 caballerías, cuyos contrabandistas han
detenido dos días a un paisano y en la noche del día dos emprendieron su movimiento.
En otro escrito de la misma autoridad provincial, de fecha 21 de Diciembre de 1.846
se dice que nueve son los principales contrabandistas expresados, los que
andan impunes por donde les place, con armas y proyectando alijos.
Parejo al contrabando, y sin duda por las mismas causas, surgió el bandolerismo que
alcanzó un desarrollo exorbitante. Por este motivo, Dalías vivió unos años trágicos
y sombríos bajo el duro azote de muchos forajidos que con sus continuas fechorías extendieron
el pánico general entre la población.
Con el deseo de poner fin a aquella situación el 25 de Abril de 1.841 se reunieron
en la Sala Capitular los miembros del Ayuntamiento y varios de los más destacados
vecinos en número de 28.
En el acta de dicha sesión podemos leer que por el alcalde, Don Francisco de Joya,
se hizo presente que a pesar de las disposiciones tomadas por el Ayuntamiento no se
había podido hasta el día poner coto a los excesos de los criminales que por desgracia
circulan por esta villa y extramuros.
Entre todos, se hizo tristemente famoso Bernardo Fornieles, apodado El Redin ,
desertor, criminal, que ha tiroteado varias veces a la autoridad que lo perseguía.
Se acordó hacer un reparto entre el vecindario en proporción a los recursos de cada cual
y con los recaudado sostener una partida de 10 hombres que inmediatamente se dedique
a la persecución de criminales. La tarea se encargó a una Comisión formada por
José Criado García, José Criado Jiménez y José Callejón. El éxito coronó aquellos
esfuerzos y así al poco tiempo cayó el Redin.
Todos los vecinos pensaron que aquello iba a suponer la vuelta a la paz y el sosiego.
Así la gente de Dalías cantó con alegría:
Sin embargo, el bandolerismo siguió haciendo de las suyas, quizás por dejadez
de las autoridades locales. El 31 de Marzo de 1.844 Don Antonio Lirola Casanova
tomó posesión de la Alcaldía y al día siguiente el Ayuntamiento, en sesión
plenaria, adoptó las siguientes medidas con las que se intentaba poner remedio
a la situación:
Parece que con estas providencias se consiguió poner
un poco de orden en la localidad, pero no se erradicó totalmente
el bandolerismo, aunque si se alejó del casco urbano
para fijarse en los parajes más solitarios de los caminos frecuentados
por la arriería.
Varias fueron las plagas epidémicas que sufrió esta población en
la pasada centuria. La viruela apareció por primera vez en 1.829,
y según Rodríguez Carreño (1,859)
hubo alrededor de 400 muertos. Una nueva invasión de viruela
tuvo lugar en 1.844 y a consecuencia de ella murieron 344 niños
y 7 adultos.
El tifus se presentó en los años 1.850 y 1.858, pero sus efectos
fueron menos graves que en las anteriores, pues en la primera hubo
90 atacados y 22 muertos y en la segunda 70 y 3 respectivamente.
La más mortífera de aquellas epidemias fue el cólera morbo asiático que
afligió a la ciudad en tres ocasiones. La primera tuvo lugar en 1.834. El
número de afectados fue de 1.603 y de ellos perdieron la vida 547. Entre
las víctimas más destacadas figura Don José Enciso, médico titular de
la villa. De nuevo apreció en 1.855 con la misma extensión y virulencia
que en la anterior invasión. Se registraron 1.475 casos con 402 defunciones.
Los dos médicos de la localidad también fueron contagiados en esta
ocasión y perdieron la vida. Uno era Don Manuel Ruiz Pérez,
Doctor en Medicina y Cirugía y subdelegado de Salud de Granada,
de donde vino por pura filantropía por motivo de la epidemia. El
otro fue Don Francisco Callejón Godoy, hijo de Dalías. Tenía 42 años
cuando murió. Otra señalada víctima fue Don Salvador Gallegos,
único farmacéutico del pueblo.
El Ayuntamiento presidido por Don Indalecio González, asumió
en lo posible la tarea de paliar el sufrimiento de las familias
con menos medios y más afectadas. Para eso, hizo un reparto entre todos
los propietarios de la localidad hasta alcanzar la suma de 15.000 reales,
que se estimó suficiente para atender las necesidades más perentorias.
Por tercera vez apareció la epidemia en 1.884. Pero esta vez con un mejor
conocimiento de la etiología de la enfermedad se pudieron tomar
medidas más eficaces. Entre ellas cabe destacar la instalación de dos
lazaretos, uno a la entrada de Berja en el llamado Cortijo de Gómez,
y otro en el de La Serrana, en los Atajuelos, en los que los pasajeros
de procedencia desconocida tenían que pasar una cuarentena. También
se cerraron las escuelas, mientras hubiese peligro de contagio.
El 30 de Agosto de 1.843 se desencadenó sobre el pueblo, y
principalmente en la sierra, una furiosa tempestad de agua,
que afluyó a la vega y caserío sembrando la desolación y la ruina.
La corriente arrancó árboles, arrasó bancales y convirtió en
ramblas a muchos parajes de la vega. Los mayores perjuicios
recayeron sobre Celín por su proximidad a la sierra.
Las acequias quedaron destrozadas y quedó rota la conducción de
agua potable, teniendo que remontarse al arroyo para proveerse de
ella.
La carencia absoluta de recursos por parte del Ayuntamiento acentuó la
gravedad de la situación y demoró en parte la tarea reparadora.
El 23 de Septiembre siguiente el Ayuntamiento estableció una
comisión encargada de los trabajos de arreglo de las tuberías y
la limpieza de la Rambla de Gracia. Se prohibió que en lo sucesivo
se plantasen árboles o se echase tierra en dicha rambla.
Como aquella violenta tormenta descargó en el día de Santa Rosa, la gente
la designó con ese nombre. Aún en estos días la expresión Nube de
Santa Rosa se sigue usando para denominar a las lluvias devastadoras.
El 16 de Marzo de 1.856 se decidió por parte de la Corporación Municipal la compra de
un reloj público y la construcción de una torre para su ubicación. El reloj se encargó
al relojero de Almería, Antonio Llorente Rubira, por un precio de 12.000 reales.
Dicho reloj estuvo funcionando hasta 1.956, cuando siendo alcalde Don Gabriel
Moral Lirola, se construyó la nueva Casa Consistorial de 3 plantas, se le añadió
un tramo a la torre existente, y se sustituyó el reloj por otro que costó 80.000 pesetas.
Otra importante mejora de aquella época fue la puesta en servicio de la primera
estación telegráfica de la localidad en 1.878.
Hay que mencionar también la construcción en la popularmente llamada Plaza
de Arriba de una monumental fuente con ocho caños y dos pilares. Su existencia
la registra Madoz (1848-50) en su conocida publicación.
Lamentablemente, un mal entendido afán modernizante la hizo desaparecer en 1.932,
instalándose otra adosada a la torre.
Durante la segunda mitad del siglo XIX y principio del XX se procedió a la construcción del actual templo parroquial.
Una empresa ardua que duró más de un siglo debido a que por la magnitud del
proyecto, hubo que interrumpir varias veces el trabajo por falta de recursos
materiales. En el terremoto de 1.804 el primitivo templo había quedado
practicamente destrozado. En 1.854, la Alcaldía requirió a los maestros de
obras de la localidad Juan Luque, Manuel Alcántara y Bernardo Escobar
para que emitieran informe sobre los edificios en estado ruinoso y que
pudieran ser un peligro para los moradores o transeúntes. El templo parroquial
figuró en primer lugar del informe, debido a su estado de ruina.
Ya en 1.816, gracias a los desvelos del cura Párroco Don Vicente
Aranda Marín, sacerdote hijo de Dalías, estaba demarcada la
explanada donde se iba a situar el nuevo templo y la que constituiría
la Plaza de Arriba, a la que daría la fachada principal. Sin embargo, en 1.859
la obra no había pasado de los cimientos.
A raíz de varias intervenciones del Ayuntamiento y el Párroco ante el
Arzobispado de Granada y del diputado a Cortes por el distrito, Don Angel
Barroeta, se lograron fondos para la obra, y en 1.861 se están empleando
grandes cantidades de ladrillos, cal y piedra.
Las obras sufrieron una nueva paralización cuando solo le faltaba la
techumbre. Así permaneció muchos años hasta que el Párroco
Don José Ferrer Ariza, el popular Cura Ferrer, cubrió la nave central.
Mas se había hecho una construcción tan endeble que no resistió mucho
tiempo y a poco el flamante techo se desplomaba sin causar, afortunadamente,
desgracia personal alguna.
Ya entrado el Siglo XX y por prestación popular, se puso la techumbre
a las dos naves que forman la cruz y a los cuatro departamentos de las
esquinas. La nave lateral de la derecha quedó sin cubrir y a la de la
izquierda se le puso un rústico techo de tablazón. El remate a la obra
se le dio en 1.922 justo 105 años después que había comenzado.
Así permaneció hasta Septiembre de 1.993 cuando en la madrugada
después de las fiestas del Stmo. Cristo de la Luz, un incendio volvió
a destruir la Iglesia. En este caso la tarea reconstructora, fue mas rápida,
y ya en 1.996 el templo estaba totalmente restaurado.
La agricultura y ganadería continuaron siendo los puntales básicos de la
economía local, si bien la minería ocupó durante algunos años un
lugar destacado.
En la vega se cosechaba trigo, cebada y habas en invierno. El maíz era
casi el único cultivo de verano. Había además unos 1.400 olivos y 28 obradas
de viña. Pero sus productos no eran suficientes para atender las
necesidades de la población. Según Madoz (1848-1859)
el aceite que faltaba se traía de Orgiva y Alcolea y el vino de Cádiar, Murtas
y Albuñol.
Para el riego se seguía el mismo turno por brazales actualmente en uso, con la
única variedad que la que establecía el Art. 4 de la Ordenanza de Riego
de la época, según la cual el día 1 de Junio de cada año se pondrá el agua a regar
en la primera parada de los brazales llamados Tempranos.
Esta práctica venía de antaño y parece que tiene su origen en que este pago era el
que rendía mejores cosechas de maíz y por eso se procuraba que sus tierras recibieran
los riegos con la mayor oportunidad.
En el Campo había unas 8.000 fanegas metidas en cultivo. Casi todas se sembraban
de cebada y una pequeña porción de trigo. Hay que señalar también la existencia de
varias norias en el paraje que de ellas ha recibido su nombre. Alrededor de cada una se
extendía una reducida zona de cultivos de hortalizas y frutales.
Como en tiempos anteriores, la mayor parte de la amplia llanura era importante zona
de pastoreo invernal. El ovino era el ganado más numeroso.
A la llegada del verano, los pastos se agostaban y los rebaños subían entonces a
Sierra Nevada. Por aquí pasaban dos de los llamados Caminos de Ganado :
uno que bordeaba la Sierrecilla y por los Hornillos se internaba en las estribaciones
de la Sierra de Gádor, y otro que practicamente atravesaba el centro de la población.
El Ayuntamiento realizó una encuesta en 1.857 que arrojaba los siguiente datos:
Por los años setenta tiene lugar el comienzo del cultivo
de la parra. El primer parralero fue Don Bernardo Godoy
Peralta y el primer parral, su finca en el pago de Soborro
que desde entonces y por este motivo se llama
Haza de las Parras .
Este Don Bernardo Godoy en aquellos tiempos estaba
al frente de la parroquia de Terque donde vería muchos
de los beneficios que reportaba este cultivo y queriendo
implantarlo en su pueblo natal ordenó a su hermano que estaba
aquí al cuidado de sus fincas que hiciera una plantación de parras.
El ensayo dio óptimos resultados, por lo que en pocos años la
alfombra verde los parrales se extendió por toda la vega la que,
a su vez, se agrandó por abancalamiento de no pocas laderas
y la rotura de muchos terrenos roquizos mediante los conocidos
desenvueltos.
Todo aquello fue el comienzo de una revolución económica que en pocos
años transformó en profundidad, mejorándolo notablemente,
el nivel de vida de la población.
Durante algunos años la explotación de los yacimientos mineros
y la fundición del mineral ocupó un lugar importante en la vida
económica de la localidad.
Dada la riqueza en galena argentífera de la sierra, se abrieron numerosas
minas sin grandes esfuerzos. Pero hay que decir que el laboreo de ellas
se realizó de forma poco sistemática, buscando solo sacar la mayor
cantidad posible de material. Así se explica que por imposibilidad material
de seguir trabajándolas muchas se abandonaron pronto para excavar otras
nuevas en cualquier lugar. Y esto mismo da razón de la existencia de muchas
de estas explotaciones que no merecen el nombre de mina, pues se reducen a
simples socavones con ausencia de toda técnica minera.
De unas y otras, buenas y malas (valga la expresión) hemos podido localizar las
siguientes:
Los fundidores fueron los grandes ganadores de aquellos tiempos.
A este respecto dice Pérez de Perceval (1985)
que la galena de nuestra
sierra con un contenido de 78% y 80% reales el quintal.
Al fundirse se obtenía poco más de un 50%, cuyo metal expendían por
lo menos a 70 reales el quintal, es decir que tenían la moderada ganancia
de más del 400%. Cada boliche producía entonces sobre 1.000 reales diarios
de utilidad.
Pérez de Perceval (1985) relaciona las siguientes
fundiciones que había en Dalías por los años 1.835-37.
Además de estos hubo otros boliches cuyos restos aún se
pueden ver o han desaparecido muy recientemente. Tales son,
La Fábrica de la Mujer, El Guijarral, La Fábrica de Balerma,
El Tantel y La Venta.
Para el emplazamiento de estos hornos solo se buscaba un lugar
abundante en leña y parece que cuando ésta se agotaba en los
contornos se abandonaba la instalación y se levantaba otra
en lugar conveniente desde el punto de vista de la abundancia
de combustible. Esto explica la existencia de fundiciones en sitios
muy alejados de los yacimientos mineros, como es el caso de las
citadas en último lugar.
Pérez de Perceval (1985) que en término
de Dalías se encontraba el mayor número de fundiciones. Esto trajo
un serio perjuicio porque al ritmo que iba el consumo de leñas y
atochas se llegaría pronto a una completa deforestación de todos los
montes y baldíos del municipio.
Las autoridades locales se percataron del peligro y procuraron poner
remedio, aunque con pocos resultados. Así, el 27 de Septiembre de 1.836
el Ayuntamiento acordó que todos los dueños de fábricas y boliches
de fundición establecidos en el término de esta villa y que aprovechan
los montes para las fundiciones se presenten en el término de 8 días
ante el Ayuntamiento con objeto de concertarse para dicho aprovechamiento
y, de lo contrario, no continúen usando los montes de este término.
Los fundidores hicieron caso omiso de este acuerdo, por lo que la autoridad local
decidió el 4 de Abril del mismo año poner un impuesto único de 300 reales
anuales a cada fundición. Todo resultaba inútil. Los industriales
negaban al Municipio la propiedad de los terrenos productores de
combustible porque eran, según alegaban, bienes realengos.
Ante esto el Ayuntamiento acordó el 24 de Marzo de 1.840 hacerse
del oportuno testimonio de la compra que había hecho de estos bienes en
el siglo anterior. Pero los fundidores, indiferentes a todo esto, seguían
arrancando la leña y atochas que necesitaban. A la vista de lo cual
las autoridades locales, para salvar algo, hicieron dos ampliaciones sucesivas
del coto municipal, sin que esto tampoco diera una gran resultado.
Y em medio de tanta medida protectora nos encontramos con un hecho
insólito y sorprendente. Fue que el 2 de Marzo de 1.843 el Ayuntamiento
autorizó a Don Luis de Figueroa, propietario de la fundición de
la Venta, para aprovechar todo el monte bajo de la jurisdicción,
sin restricción alguna. Se pretendió justificar tan rara concesión en
el hecho de que tal horno ocupaba, según se dice en el acuerdo de referencia,
a 300 familias en el corte y acarreo de leña, más de 30 en las operaciones
de fundición y unos 100 arrieros tenían su medio de vida en el transporte a
Adra del metal que rendía dicha fábrica.
Esta medida dio lugar a que los demás fundidores siguieran quemando
leña, ahora sin ningún miramiento. La cosa debió revestir cierta gravedad,
como se deduce del acuerdo municipal de 9 de Abril de 1.844 por virtud del
cual se prohibe en absoluto el corte de leña en toda la jurisdicción.
Esto se hace con objeto de reparar en lo posible los daños ocasionados
cuyos efectos ya se empiezan a sentir.
Sin embargo los intereses de la industria minera eran muy fuertes. Y lo
cierto es que en Dalías estuvieron encendidos los hornos mientras hubo
minas, y solo se apagaron cuando estas dejaron de existir.
Nació en Dalías el 22 de Julio de 1.864. Sus padres fueron
Don Francisco Rubio Maldonado y Doña Mercedes Peralta
Góngora. En nuestro pueblo pasó su infancia, pero por sus
estudios y, sobre todo, por su vocación pasó la mayor parte
de su vida en la capital de España y algunos pueblos próximos.
Por su incansable
bregar en tareas apostólicas mereció el sobrenombre de
Apóstol de Madrid con el que popularmente se le conocía.
Murió en Aranjuez el 2 de Mayo de 1.924.
Por el decreto de S.S. Juan Pablo II del 12 de Enero de 1.984,
en reconocimiento a sus virtudes, fue declarado Venerable
y, el 6 de Octubre de 1.985 fue proclamado Beato.
Quizás lo más importante de lo sucedido en Dalías en este siglo,
aparte de los acontecimientos políticos ocurridos a nivel
nacional y que no vienen recogidos en este trabajo, es el
desarrollo de los núcleos de población en lo que era conocido
como el Campo de Dalías. Eso tuvo consecuencia la partición
del Término Municipal en dos municipios distintos.
Solo esto y una reseña de la fundación del Casino y las obras públicas más
importantes realizadas en
Dalías, se pueden encontrar en este estudio
histórico.
La llamada Fuente del Deseo se construyó en
1.902 y hemos podido saber que este nombre se lo dio
la malicia popular, pues según se dijo entonces, se hizo
para satisfacer el antojo de la esposa de un influyente
personaje local. Esta fuente por su situación, acercó
el agua potable a los vecinos de aquel amplio sector
que antes tenían que hacer largos recorridos.
En 1.905 se levantaron dos edificaciones en forma de soportal
en la Plaza de Abajo. Uno en el ángulo S.E. destinado a
pescadería y otro en el lado Norte adosado a la manzana
de casas existente y que se destinó a mercado público.
Al propio tiempo se plantaron álamos alineados de forma
que la explanada quedó parcelada en los actuales 5 tramos.
La construcción de la primera se adjudicó a Francisco Montoya
Páez por 4.912'27 pesetas.
En cuanto a la segunda, sabemos por tradición oral, que
el importe de su construcción fue costeada por los dueños
de las casas colindantes a cambio de que ellos edificarían, sobre el
soportal con lo que agrandaron considerablemente sus viviendas.
La construcción citada en primer lugar se derribó cuando apenas contaba con
20 años de existencia. Se dijo que resultaba innecesaria y
que afeaba el conjunto de la plaza. Pero también se habló de que
personas influyentes presionaron en favor de la demolición para que sus
casas tuvieran mejor vista y sus moradores se vieran libres de los
olores de los puestos de venta de pescado. Al edificarse el actual
mercado, la sesegunda ha pasado a ser el clásico soportal de muchas
plazas españolas. Estas dos obras se debieron al empeño que en
ellas puso Don Francisco Reyes Robles, alcalde en aquella época.
En 1.925 se levantó la Fuente del limón , así llamada
porque estaba como a la sombra de un frondoso limonero que
sobresalía por encima de la pared a la que estaba adosada. La fuente
no ofrecía ningún mérito estético, más bien era algo destartalada
y con el tiempo llegó a estorbar por el mucho espacio que ocupaba.
Por eso, al construirse el nuevo mercado se decidió quitarla
y montar la que hoy existe formando parte integrante del mismo.
Al final de los años 20 se realizan dos importantes obras: la red de tuberías que
llevó el agua a la mayoría de los hogares y la construcción del
colegio LUIS VIVES. Las dos cuajaron gracias al
tesón y dinamismo del Alcalde Don Francisco Callejón Moreno que luchó
incansable contra la dura oposición que muchos hicieron
a los dos proyectos.
Los contrarios al nuevo servicio de aguas potables planeado
alegaban que
iba a ocasionar un consumo excesivo y que, a la larga,
traería la ruina de muchas casas por la humedad inevitable
que metería en las paredes.
Los que se oponían a la construcción del edificio escolar
argumentaban que por estar muy alejado del centro de
la población cabía temer que muchos padres no enviaran
a sus hijos al colegio para evitarles la dura caminata.
Hay que mencionar también la construcción del mercado
público inaugurado en 1.956. Esta obra vino a cubrir una
perentoria necesidad de la población, pues el existente,
se había quedado exiguo.
Por último, durante la alcaldía de Don Gabriel Moral Lirola
se pavimentaron mediante riego asfáltico las plazas y
calles más céntricas y, además, la Plaza de la Alameda se hermoseó
notablemente dándole la estructura y aspecto actuales.
Sin embargo, para esta construcción se eliminaron los
frondosos álamos que había, y sobre todo el popular
árbol gordo que formaba parte del primitivo
cementerio del que formaba parte integrante.
En el año de 1.905 se fundó el Casino de Dalías
con 91 socios, todos vecinos de la localidad. Su primer
local fue la casa, tomada en alquiler, sita en Plaza de Olmo,
propiedad de Don Guillermo Maldonado Villegas. Después
se pensó en tener un edificio propio y a este efecto se compró una finca
en la que la familia Los Venturas tenía una de las
clásicas barrilerías de aquellos tiempos.
La primera edificación, levantada en 1.909, era de una sola planta y con
pocas pretensiones arquitectónicas. Después,
por sucesivas ampliaciones y obras de
mejoramiento se ha llegado a la suntuosidad y porte actuales.
Poco tiempo después Dalías recibió el galardón de ser declarada
Ciudad en razón as creciente desarrollo de su agricultura,
industria y comercio y a su constante adhesión a la Monarquía,
según se lee en el correspondiente Real Decreto de 19 de Febrero
de 1.920 (Gaceta de Madrid de 21 del mismo mes y año).
El lauro fue recibido en el pueblo con general alborozo.
El espectacular crecimiento de los municipios del llamado
Campo de Dalías a partir de los años 50 fue
espectacular, especialmente de El Ejido, pero también de otros
núcleos como Santa María del Aguila, Balerma, Las Norias,
San Agustín, y otros. Esto fue así hasta el punto de que estos
concentraban la mayor parte de la población del municipio.
Esta situación hizo que los problemas no tardaran en empezar.
La situación llegó a ser punto menos que insostenible. Se imponía
un arreglo que armonizara los intereses de las distintas partes.
Al principio del antiguo núcleo de Dalías no quería ver como
perdía la hegemonía de la zona. A continuación, la Corporación
Municipal, con mayoría de representantes de El Ejido, quiso
resolver el problema con un simple trámite de cambio de capitalidad
del municipio.
Contra eso se alzaron los vecinos de Dalías y Celín que creyeron
que peligraba la conservación de su identidad como pueblo.
Y así empezó una larga y sonada contienda de la que vamos
a exponer los más destacados sucesos.
El día 2 de Agosto de 1.979 la Corporación Municipal va
a celebrar una sesión plenaria para tratar, entre otros asuntos,
del cambio de capitalidad del municipio. La sesión no pudo
celebrarse porque una airada multitud concentrada en la
plaza impidió la entrada de los concejales en la
Casa Consistorial, e incluso algunos de ellos sufrieron
agresiones personales.
El día 4 siguiente la mayoría de los concejales se reúnen
en la Oficina Municipal de El Ejido y declarándose constituidos
en sesión plenaria de la Corporación, acuerdan iniciar el expediente
para dicho cambio.
El día 8 de Mayo de 1.981 el Consejo Permanente de la Junta de
Andalucía acordó el traslado de la capital del Municipio a El Ejido.
Aquella misma noche el vecindario, llamado mediante repique
de campanas y disparo de cohetes, se concentraron en la iglesia
y acordaron una huelga general hasta conseguir que no se
realice lo que el pueblo considera un expolio. Al mismo
tiempo un grupo entró en el edificio del Ayuntamiento y
se llevó los libros y documentos más importantes para
impedir que se los lleven a El Ejido.
En un principio la Asociación de Vecinos Cristo de
la Luz, legalmente reconocida el 11 de Agosto de 1.977,
encauzó todo el clamor popular. Era su presidente José Criado
Maldonado que pronto, por el carisma especial que tiene,
fue reconocido y aclamado como líder indiscutible de aquel
especial movimiento subversivo.
Pocos días después se constituyó la llamada Comisión
Gestora que relevó a la Asociación de Vecinos
y asumió la dura tarea de bregar sin descanso en busca
de una solución aceptable. La presidió también José
Criado Maldonado. Esta Comisión se disolvió, porque
a sus miembros se les quería considerar como responsables únicos
y directos, por instigadores, de todo lo acontecido. A partir de entonces,
el pueblo solidaria y mancomunadamente se hizo responsable de todo
lo ocurrido y por ocurrir que guardara alguna relación con la cuestión
en litigio.
A este efecto, durante varios días desfiló por la notaría de la localidad
la práctica totalidad de los vecinos que estuvieran en posesión del
D.N.I. para suscribir el correspondiente documento.
En la mañana del día 3 de julio la población se quedó casi desierta porque
la mayoría de sus moradores se desplazaron a pié a Berja. Su finalidad,
entregar en el Juzgado de Instrucción el documento notarial de referencia.
Al final fue tomando cuerpo la única solución posible en esa situación:
la partición del término municipal para formar dos municipios.
Así el Ayuntamiento en sesión plenaria celebrada el 2 de Abril
de 1.982 en el Colegio Nacional José Salazar, de
El Ejido tomó el acuerdo de iniciar el expediente de segregación.
El 30 de Julio siguiente el Consejo de Ministros acuerda dicha partición.
El oportuno Real Decreto se publicó en el Boletín Oficial del Estado
del 11 de Septiembre del mismo año. El mismo día 30 llegó la
noticia a Dalías y al siguiente sábado en la plaza principal se celebró una gran
fiesta para celebrar lo que para el pueblo fue un fausto acontecimiento.
Francisca de Albarades, viuda
Juan de Asien
María Albarez, Id.
Pedro de la Hoya
Cathalina Marin, Id.
Melchor de la Hoha
Gracia Martinez, Id.
Anton Marin
Cathalina de Martos, Id.
Miguel Marin
Cathalina de Marin, Id.
Rodrigo de Figueredo
Marina Ruiz, Id.
Juan Gaytán
Ana Martínez, Id.
Antonio de Navarrete
María López, Id.
Andrés Rodriguez
Francisco Zaballos
Juan de la Hoya
Hernan Martinez
Silbestre de Figueredo
Balthasar de Asien
Pedro Perdiz
Hernando de Asien
Gerónimo de Martos
Alcalá
Daza
Hoya (Joya)
Pastor
Alcántara
Diaz
Juarez (Suarez)
Peralta
Alférez
Enciso
Lirola
Pérez
Algarra
Escobar
Luque
Quero
Asien (Acien)
Fernandez
Maldonado
Reyes
Barranco
Galán
Manrubia
Rodriguez
Callejón
García
Molina
Rubi
Cara
Giménez
Montoya
Rubio
Castillo
Gómez
Moral (Moral)
Sánchez
Córdoba
González
Moreno
Serrano
Cortés
Gutierrez
Muñoz
Valdivia
Cuenca
Hernández
Navarro
Zamora
EL SIGLO XVII
EL SIGLO XVIII
Los Bienes Comunales
El Catastro del Marqués de la Ensenada
Estado Secular
Hombres cabeza de casa
928
Mujeres cabeza de casa
1.120
Sus hijos de 18 años
272
Sus hijas de 18 años
324
Sus hijos menores
1.005
Sus hijas
968
Sus hermanos
61
Sus hermanas
91
Sus criados y oficiales
76
Sus criadas
26
Total Personas
4.871
Estado Eclesiástico
Cabezas de casa
23
Sus parientes
14
Sus parientas
11
Sus criados
19
Sus criadas
11
Total Personas
79
Total General
Estado Secular
4.871
Estado eclesiástico
79
TOTAL
4.950
Rendimientos por fanega y año
Producto en reales y maravedis
clases
1a clase
2a clase
3a clase
Vega de regadío
168
111
37
Suertes del Campo
17'17
18'26
12'26
Olivos
240
120
60
Moreras
180
120
60
Morales
100
60
20'30
Viñas
50
40
12
Secanos
13'17
No hay
4
Asimismo se reconocieron y registraron 31.000 fanegas de tierra
yerma por naturaleza e inútil para sembrar, pero útil para pastos de los
ganados . En ellas van incluidos 40.000 pies de encinas en
la parte que llaman sierra de Gádor .
Bovino
Caballar
Mular
Asnal
Cerda
Lanar
Cabrío
Estado
Secular
413
144
121
465
327
3.334
12.746
Estado
Eclesiástico
14
3
9
17
3
1.323
303
Totales
427
147
130
482
330
4.657
13.049
Además de las expuestas hay que destacar otras actividades como el comercio
en ropas de lana, lienzos y recoba para Granada y otras partes .
Un Problema de Aguas
Por aquellos tiempos mucha parte de la vega actual era de secano. Paulatinamente,
muchos de los propietarios fueron metiendo en riego extensiones considerables
de tierras, generalmente aquellas colindantes con las que si se regaban.
Transformación Administrativa
Una Catástrofe
EL SIGLO XIX
Este Siglo fue realmente importante para nuestro pueblo. Por una parte fue época de grandes
catástrofes con terremotos y epidemias. Por otra, el desarrollo económico fue muy importante
con la minería y el comienzo del cultivo de la uva de mesa.
Un Terremoto Asolador
Apenas había comenzado la centuria cuando tuvo lugar el primero de los grandes desastres
que hubo de sufrir la población.
La Guerra de la Independencia
Artículo
Raciones
Contenido
Pan
207
Libra y media
Carne
207
3 cuarterones
Vino
189'5
Un cuartillo
Manteca
189'5
Dos onzas
Tocino
168'5
Dos onzas
Cebada
207
seis cuartillos
La Vida Política
Los acontecimientos políticos de mayor entidad tuvieron lugar con motivo de la
revolución de 1.868 que destronó a Isabel II. El 28 de Septiembre de dicho año,
a las once de la mañana, reunidos el pueblo con sus mayores
contribuyentes a la cabeza se procedió a secundar el levantamiento.
Acto seguido esta Junta acordó la destitución de la Corporación Municipal
reasumiendo en si y mientras se nombra otra que merezca la confianza
del pueblo, las atribuciones y cargos del municipio.
Tras los sucesos que acabamos de relatar se observa un acusado declinar en el
apasionamiento por la cuestiones políticas. Tras los febriles años vividos,
los grandes acontecimientos nacionales apenas si tuvieron repercusión
alguna o, al menos, no dejaron ni la más leve huella escrita. Solo aparece
en el acta de la sesión ordinaria de la Corporación Municipal de 16 de
Febrero de 1.873, un simple testimonio de adhesión a la recién proclamada
Primera República.
Contrabando y Bandolerismo
Ya mataron al Redín
ya mataron al valiente
ya se quedó Celín
como una balsa de aceite
Epidemias
La Nube de Santa Rosa
Obras Públicas
Agricultura y Ganadería
Cultivo
Tierra Sembrada
Cosecha
Precio Medio
(en fanegas)
(en fanegas)
(en reales)
Trigo
700
10.000
70
Cebada
450
13.000
30
Habas
150
830
50
Maíz
1.100
11.000
32
Ganado
Número de
Precio Medio
cabezas
(en reales)
Mular
343
1.100
Caballar
7
1.300
Vacuno
8
?
Asnal
90
320
Lanar
12.300
454
Cabrío
450
40
Cerda
400
200
La Explotación Minera
La galena extraída, muy rica en plomo, se fundía aquí en hornos
llamados de reverbero, y también boliches, que utilizaban como
combustibles la leña y las atochas.
Nombre
Propietario
Vecindad
Aljibillos
Bonifacio Amoraga
Adra
Anacor
Francisco Ruiz
Dalías
La Cruz
Bonifacio Amoraga
Adra
Atajuelos
Francisco Londinez
Dalías
Boquerón
Francisco Daza
Dalías
Caparrós
José Martínez Aranda
Dalías
El Capitán
Juan Buendía
Felix
Carmen de Ontiveros
Gaspar Benet
Adra
La Centinela
Luis Figueroa
Adra
La Cobacha
Bonifacio Amoraga
Adra
La Concha
Francisco Sánchez
Berja
Chiclana
Scholtz, Herm. y Grun
Adra
Santa Engracia
Luis Figueroa
Adra
Fuente Alta
Guillermo Barrón
Almería
San José
Ignacio Figueroa
Adra
Loma Alta
Francisco Reyes
Dalías
La María
Casa Guerrero y Cia.
Adra
El Pantano
Francisco Sánchez
Berja
San Pascual
Cristóbal Barrionuevo
Dalías
Portillos
Gaspar Benet
Adra
La Salud
Vicente Fernández
Laujar
Sabinar
Manuel Moreno
Berja
Zorrera
Blas Castañeda
Dalías
El Padre Rubio
EL SIGLO XX
Obras Públicas
La Fundación del Casino
Declaración de Ciudad
La Partición del Municipio
BIBLIOGRAFIA